Qué es la Milicia de la Inmaculada

La Milicia de la Inmaculada (MI) fue fundada por
San Maximiliano Kolbe (1894-1941), junto a otros compañeros,
el 16 de octubre de 1917 en el Colegio Internacional de los Franciscanos Conventuales en Roma.

El año 1917 fue especialmente decisivo para Europa y para el mundo. La guerra iniciada en 1914 parecía no tener fin y los muertos se contaban por millones. En Rusia triunfaba la revolución bolchevique y se implantó el primer régimen comunista de la historia. Los masones celebraban triunfalmente el segundo centenario de su fundación, y los protestantes el cuarto. Fray Maximiliano tenía 23 años, aún no era sacerdote, pero le hervía la sangre por dentro ante tanta provocación, especialmente de la masonería, que se manifestaba, arrogante, debajo mismo de los balcones del Papa. Su espíritu franciscano y apostólico le incitaba a la acción. De buena gana hubiese ido a la Logia de Roma a evangelizar al Gran Maestre de Italia, como un nuevo San Francisco camino del Sultán de Egipto. Pero se daba cuenta de que nada podría hacer él solo. Era preciso organizarse -como hacían los adversarios- para conseguir resultados eficaces. Por eso, cuando en Italia ya se estaba gestando la Acción Católica de los seglares, Maximiliano Kolbe ideó y fundó la Milicia de la Inmaculada.

La Milicia de la Inmaculada no es una organización de tipo piadoso devocional, como alguno pudiera creer. Su finalidad conecta directamente con las raíces del movimiento franciscano, que nació en el siglo XIII como instrumento de conversión y de apostolado. El padre Kolbe lo sabía. Por eso afirma que la orden de los Conventuales, de la mano de la Inmaculada -que en Lourdes pedía conversión y penitencia¬, estaba entrando en la segunda etapa de su historia.

Los fines de la MI quedan bien reflejados en sus estatutos fundacionales: «Trabajar por la conversión…y la santificación de todos bajo el patrocinio de María Inmaculada». No obstante las expresiones de tipo militar o caballeresco, tan propias de la época, no se trata en absoluto de hacer la guerra a los enemigos de la Iglesia. Al contrario: lo que se pretende combatir, por todos los medios legítimos, es el mal que los esclaviza y los hace infelices. Por eso, la MI puede considerarse un movimiento de renovación y liberación integral de la persona y de la sociedad.

San Maximiliano Kolbe fue toda su vida un hombre respetuoso y dialogante. Mas, porque creía en el poder persuasivo del amor que le ardía por dentro, nunca tuvo miedo de dañar a nadie cuando, con el mayor respeto, trataba de reconducirlo a la fe. Sus sentimientos eran los mismos que tuvo Jesús hacia aquellas masas hambrientas de Dios que le seguían como ovejas sin pastor. Como Francisco de Asís, quería ser instrumento de paz y de reconciliación entre los hombres de su tiempo. Para conseguirlo, estaba dispuesto a dar su vida si era preciso. Había descubierto la mayor y más sangrante de las miserias del hombre actual en esa llaga de incredulidad que es origen de todas las desgracias. Por este motivo, el programa de la Milicia no podía ser otro que el de la conversión como primer paso hacia una auténtica pacificación del mundo y la reconciliación entre los hombres. La MI sintoniza así perfectamente con la exigencias de la Nueva Evangelización que nos pide la Iglesia.

Para pertenecer a la MI se requiere: consagrarse totalmemte a la Inmaculada, como instrumento en sus manos; llevar la medalla de la Milagrosa -algo no esencial, pero sí signo visible del propio ofrecimiento interior a la Virgen-; e inscribirse en alguna de las sedes canónicas de la MI.

Integrando espiritualidad y misión, la MI desarrolla sus programas en torno a cuatro líneas fundamentales: reconocer en la consagración a Dios a través de la Inmaculada la prioridad de la vocación a la santidad (dimensión existencial); vivir la consagración en la Iglesia, para amar a la Iglesia desde dentro, como miembros vivos, reconociendo y profesando sin ambigüedades la fe católica (dimensión eclesial); participando, desde el espíritu de la consagración mariana, en cualquiera de los apostolados de la Iglesia (dimensión misionera); dar testimonio de la consagración en medio del mundo estando al servicio de todos, en clave de fraternidad, acogida y alegría (dimensión cultural).

En España, la realidad de la Milicia de la Inmaculada es todavía muy humilde. Contamos con una sencilla publicación (2000 ejemplares) para la consagración diaria a la Inmaculada, y un grupo consolidado de 23 personas en Palencia, varios grupos en Madrid, y grupos nacientes en Valencia, Sevilla, Barcelona y Alcalá. Pero, la Milicia de la Inmaculada está presente en 46 naciones de los cinco continentes, cuenta con 545 sedes canónicas, 27 centros nacionales y aproximadamente 4 millones de personas inscritas. Unos 30 periódicos llevan el nombre de «Caballero de la Inmaculada» (siendo su iniciador el mismo San Maximiliano). De gran relieve es la revista «Miles Immaculatae» dirigida a sacerdotes y agentes de pastoral. La MI cuanta también con «Radio Kolbe» en Italia, con “Radio Niepokalanów” y “Telewizja Niepokalanów” en Polonia, y “Radio Inmaculada” en Paraguay. Dignos de ser mencionadas son también las congregaciones de inspiración kolbiana: las «Hermanas Franciscanas de la Milicia de la Inmaculada», nacidas en Japón en 1949, hoy presentes también en Corea y Polonia; las «Misioneras de la Inmaculada», surgidas en Italia (Catania 1950), presentes también en México; las «Misioneras de la Inmaculada-Padre Kolbe, también fundadas en Italia (Boloña 1954), que ya han llegado a Argentina, Bolivia, California, Luxemburgo, Polonia y Brasil; y las «Educadoras Misioneras-Padre Kolbe» fundadas en Italia (Pergusa 1970). Y, gracias a la resonancia que tuvo en el mundo la canonización del p. Kolbe (1982), a su nombre se han dedicado ya más de 250 iglesias.