Intenciones MI 2014: Enero

Intenciones MI 2014: Enero

03 enero, 2014 | La MI

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Comienza un un nuevo año y con él vamos a ir acompañados de María en todo momento. 

Desde la casa madre de la Milicia de la Inmaculada Internacional nos ofrecen a lo largo de estos 12 meses del 2014 una serie de intenciones, que en el fondo son virtudes que como cristianos tenemos que seguir cultivando toda nuestra vida, para que las vayamos reflexionando y llevando a nuestras vidas. Al comienzo de cada mes iremos publicando esas intenciones en nuestra web. Como mensaje e intención que debemos grabar ne ensutro corazón para todo este año, tenemos el de nuestro Asistente Internacional de la Milicia de la Inmaculada, el Padre Raffaelle Di Muro:«Pobres servidores del Señor, estamos al servicio de los pobres»

ENERO

La Humildad

Intención: Para que Jesús nos inspire la humildad y sencillez necesaria para acoger a las personas que encontramos cada día.

La humildad es la virtud por la cual el creyente se pone en una condición de constante dependencia de Dios, por lo que se considera una criatura pequeña y siempre necesitada de la gracia y la fuerza que emana del Altísimo. Maximiliano Kolbe se muestra, siguiendo el ejemplo de Francisco de Asís, como un fraile y sacerdote humilde. Él conoce los límites de su personalidad y comprende que solo abandonándose en las manos del Señor, a través de la mediación de la Inmaculada, se puede llegar a la cumbre de la vida cristiana, convirtiéndose en un modelo para cuantos encuentra a su paso. El texto que proponemos está tomado de una carta escrita en 1937 desde el convento de Niepokalanów y dirigida a los frailes de Nagasaki. «Es evidente que tenemos que estar atentos, porque más de una vez el amor propio, nuestro «yo», se rebelará. Las distintas dificultades, tentaciones, contrariedades, a veces podrán casi abrumarnos. Pero si las raíces se hunden profundamente en la tierra y la humildad se arraiga más profundamente en nosotros, de modo que confiemos cada vez menos en nosotros mismos, entonces la Inmaculada acrecentará nuestros méritos. Sin embargo, las pruebas son necesarias y llegan porque el oro del amor debe ser purificado en el fuego de la aflicción [cfr. Ecl 2, 5, 1 P 1, 7], de hecho, el sufrimiento es el alimento que fortalece el amor» (EK 755).

El santo polaco se encuentra en una fase de madurez de su camino espiritual, por lo que proporciona sugerencias útiles para el camino ascético e indica la preciosidad de la purificación interior, con la que tiende a «podar» los aspectos de la personalidad, que hacen sobresalir en modo exagerado el propio yo. Ser humilde significa recorrer un camino de ascesis y de purificación para alimentar nuestra intimidad con Dios, limitando o eliminando los efectos del amor propio y de la soberbia. Maximiliano enseña que la humildad permite al creyente descubrir el amor previsor y misericordioso del Señor en la medida en que el corazón se libera de los lazos que lo esclavizan en el egoísmo y en la autosuficiencia. Tender a la santidad significa abrir el propio corazón a Dios, confiar en su amor y mirar a la Inmaculada como ejemplo de total adhesión a la voluntad divina. Es un desafío comprometedor, y el mártir de Auschwitz nos muestra que para ser un don de caridad para los hermanos es importante recorrer este camino.

Además, es la humildad que funda la hermandad, porque todos los hermanos se reconocen pequeños ante Dios, partícipes en el mismo proyecto de vida interior y apostólica. Maximiliano enseña que el siervo del Señor es el que lava los pies al hermano y al prójimo en general. Nosotros entendemos –como consecuencia– cuán importante es esta actitud del corazón para dominar la tendencia a la autoafirmación y al egocentrismo, que pueden ser enemigos acérrimos en la perspectiva de un camino de santificación.

La humildad del mártir de Auschiwtz está también expresada en las siguientes palabras: «La fuente de la felicidad y de la paz no está afuera, sino dentro de nosotros mismos. Sepamos aprovecharla para practicar en nuestro ánimo la paciencia, la humildad, la obediencia y otras virtudes de la vida religiosa y, de este modo, las cruces no serán tan pesadas» (EK 935). A partir de estas expresiones se puede deducir que la paz interior está íntimamente vinculada a la práctica de las virtudes propias de la vida religiosa. La serenidad que domina en el corazón del creyente es el fruto de la ascesis, del arrepentimiento y del saber vivir la dimensión de la cruz, en un estilo de ofrecimiento y de abandono en la Providencia de Dios.

La actitud justa del «menor» se expresa en ofrecer al Altísimo todas las situaciones de su propia vida, con la humildad y la paciencia de los que ponen toda su confianza en el Señor. Maximiliano en este pasaje muestra que es muy importante tener un corazón pacificado. Con este estado de ánimo los acontecimientos de la vida se convierten en una gran oportunidad para el crecimiento espiritual. Las virtudes de la paciencia y de la humildad nos ponen en la disposición de acoger serenamente los momentos de dolor, que son motivo para progresar en el camino de la conversión. La paz y la virtud son fundamentales para orientar al bien y en una dimensión sobrenatural todas las facultades del hombre. La humildad perfecta está representada por la plena configuración con Cristo: es la dimensión que alcanza Kolbe y que nos indica a cada uno de nosotros para tocar la felicidad en Cristo y lograr una buena capacidad de dar testimonio de su amor y de su presencia en nuestras vidas.

Para reflexionar:

¿Qué falta a mi camino para perfeccionar la virtud de la humildad?
¿Cómo reacciono ante situaciones de humillación o de mortificación? ¿Las considero como oportunidades para crecer?
¿Cómo vivo los tiempos de cruz y de pruebas que caracterizan mi camino?
¿Trato de «podar» de manera decisiva mi egoísmo y mi soberbia?
¿A qué punto está mi ofrecimiento y abandono en el Señor?